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El misterio del libro de los seres mágicos [CUENTO]

Miss Eli

Miss Eli

Os presento un nuevo cuento con el que disfrutar de la magia y de la lectura.

Cuento «El misterio del libro de los seres mágicos», de Miss Eli

Todos los alumnos de la clase de Nacho estaban reunidos en el patio, tenían un asunto muy importante del que tratar. El niño se dirigió a sus compañeros con voz misteriosa y preguntó:

– Chicos, ¿conocéis el secreto de este colegio?

– ¡Noooo!  –Exclamaron todos abriendo los ojos, muy interesados en conocer cualquier misterio.

– Dicen que hay un libro mágico, lleno de seres fantásticos que pueden salir de él, hablarte y contarte historias inconcebibles –explicó Nacho.

– ¡Eso no puede ser cierto! –Jorge era el más práctico– Los seres mágicos no existen y mucho menos emergen de los cuentos y se comunican con nosotros.

El grupo miró a Jorge un poco decepcionado. A Irene, la optimista y soñadora, siempre le había encantado la idea de conversar con duendes, hadas, ninfas y otros seres similares, así que opinó:

– Al menos, podríamos comprobarlo. ¡Yo sí que creo en la magia!

– ¡Siii! –Gritaron al unísono– ¡Vamos a investigar!

Comenzaron a organizarse. Juan, Miriam y Luis optaron por buscar en el despacho de la directora. Algo tan fantástico solo podría estar guardado en el sitio más importante del colegio. Y la directora, que ellos supiesen, era la que “cortaba el bacalao” en el centro. Se turnaron para vigilar la puerta. Miriam era muy ocurrente, así que distrajo a la directora y consiguió sacarla de su oficina. Mientras tanto, Juan y Luis buscaron y rebuscaron, teniendo cuidado de no dejar nada desordenado. Allí no había nada.

Daniel y Reme se dirigieron a la secretaría. Es un lugar que estaba lleno de papeles extraños, difíciles de comprender. Seguro que era un buen lugar para esconder un libro. Katia, la secretaria, era a la vez la enfermera del centro, por la que Reme no tuvo ningún problema en pedirle que la llevase a la enfermería a que le diese hielo, se había dado un golpe en la cabeza jugando en el patio. Daniel aprovechó para fisgonear entre todos esos montones de folios, estanterías y demás. Seguían sin encontrar nada.

Katia, Isaac e Inés recordaron haber visto algunos libros en la cocina del colegio. Tal vez no eran íntegramente de recetas. Además, podría ser que tuviese pociones mágicas para que los niños se lo comiesen todo y no dijesen que no a la comida. Isaac mantuvo ocupado al cocinero con sus ocurrencias, las niñas hurgaron por los estantes, pero aún continuaban sin localizarlo.

Ascen, Ismael y Mariola decidieron registrar la habitación de material deportivo. Si el libro era mágico realmente, querría esconderse donde nadie lo pudiese encontrar. Los duendes suelen ser muy juguetones y ponen las cosas donde menos te lo esperas. Exploraron entre balones, picas, cuerdas y bolsas escondidas por los recovecos de aquella sala algo desordenada. Pero nada, todo igual.

A Óscar, Ana y José les gustaban mucho los ordenadores, por lo que se encaminaron a la sala de informática. ¿Y si era un libro electrónico? ¿Por qué pensar siempre en lo tradicional? Pidieron a Dani, el informático, las llaves para coger un Ipad que les había encargado la señorita Laura. Fisgonearon en todos las carpetas electrónicas, pero solo había juegos interactivos programados, nadie que les hablase directamente a ellos y que diera la impresión de estar realmente vivo.

Carolina, Amparo y Diego se inclinaron por el salón de actos. Justo detrás de las cortinas se almacenaban muchos objetos extraños y antiguos para hacer actuaciones. ¿Y si al libro le gustaba esconderse entre disfraces de brujas, fantasmas y hadas? Además, se pusieron algún disfraz para que los personajes del cuento se sintieran familiarizados y aparecieran. Nada parecía llevarlos al misterioso manual.

Al terminar de rebuscar, fisgonear y registrar en muchos de los escondites posibles, volvieron al patio a reunirse, con rostros de desánimo y cansancio. Después de todo, quizás Jorge tenía razón y la magia no existía.

– ¡Un momento! –exclamó Irene que aún no había perdido la esperanza– ¿Dónde se guardan los libros más interesantes del colegio?

– En la… ¿biblioteca? –titubeó Sofía dubitativa.

– ¡Por supuesto! –gritó Silvia con su cara iluminada– ¿Por qué hemos buscado en todas las dependencias menos allí?

Se dirigieron a la biblioteca. La señorita Alison siempre estaba allí, pero aprovecharon la hora del café de la mañana para colarse dentro.

– ¿Y por dónde empezamos? ¡Hay miles de libros aquí!– se desanimó Inés.

– Pienso que si es un libro mágico, será mucho más fácil verlo en la oscuridad– propuso Luis.

– ¡Excelente idea! –declaró Jorge, que estaba comenzando a creer en la magia.

Bajaron las cortinas, apagaron las luces y observaron a su alrededor.

– ¡Mirad todos allí!  –chilló Ascen exaltada– ¡Algo brilla en aquella estantería!

Isaac, que era el niño más alto, cogió el libro. Las letras del tomo brillaban y se podía leer: “El libro de los seres mágicos”. Todos estaban asombrados, algunos demasiado emocionados como para pronunciar palabra. Abrieron el volumen, vieron un mago dibujado que fue emergiendo como si de un libro tridimensional se tratase. Algunos dieron un paso atrás. El mago les sonrió y los calmó, dirigiéndose a ellos con un tono de voz grave y suave. Les narró historias extraordinarias e inverosímiles. Cuando terminó, volvió a su lugar en el cuento y se quedó inmóvil, como una ilustración cualquiera. Pasaron la hoja y apareció un duendecillo, que continuó relatándoles más aventuras de los seres mágicos. Desfilaron hadas, elfos, ninfas… y toda clase de entes mágicos.

Al finalizar, cerraron el libro, lo devolvieron a su lugar y se fueron a sus casas, alucinados con lo visto y escuchado. Al día siguiente, fueron de nuevo a la biblioteca, pero el libro había desaparecido. Nada había en su lugar, solo un hueco oscuro y vacío.

– Puede que haya decidido esconderse en un nuevo colegio, para que otros niños descubran su magia y secretos –dijo Nacho.

Todos estuvieron de acuerdo. Los niños de la clase de Nacho nunca olvidarán el libro de los seres mágicos y lo que de él aprendieron.

¿Se habrá escondido ahora el libro de los seres mágicos en tu colegio, esperando a ser encontrado? ¡Quién sabe! Tal vez tengas que descubrirlo por ti mismo.

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