Grados de autismo: niveles de apoyo, características y claves para la intervención educativa y familiar

Grados de autismo

Comprender los grados de autismo, o niveles de autismo, y las necesidades reales de apoyo es fundamental para ofrecer una respuesta educativa y una intervención familiar apropiada.
Si eres docente, orientador, profesional de la educación especial, logopeda, terapeuta del lenguaje o madre/padre, esta guía te ayudará a identificar características del espectro autista y a actuar desde el primer momento con criterio profesional.

¿Qué es el autismo?

El Trastorno del Espectro Autista (TEA) es una condición del neurodesarrollo que afecta a la configuración del sistema nervioso y al funcionamiento cerebral dificultando la comunicación social, la interacción y la flexibilidad cognitiva y conductual. Se utiliza el término espectro porque no hay una única forma de autismo: cada persona tiene un perfil propio, con fortalezas y desafíos que se presentan de forma diferente.

Hoy en día el enfoque es claro: no se trata de clasificar por etiquetas, sino de apoyar a cada persona, de forma individualizada, para que pueda participar, aprender y desarrollarse en su entorno.

Tener autismo implica una forma distinta de procesar la información y de entender el mundo, no se traduce únicamente a una serie de habilidades que tienen las personas con esta condición.

En Europa se estima que el autismo representa el 1% de la población.

¿Existen varios grados de autismo?

Según el DSM-5 (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, quinta edición), marco de referencia internacional que utilizan los profesionales para describir y comprender el TEA, unifica todos los perfiles bajo el concepto de espectro y establece niveles de apoyo en lugar de “tipos cerrados”.

Gracias al DSM-5 hablamos de grados de autismo o niveles de autismo dependiendo de cuánto apoyo necesita la persona, no de su capacidad ni de su potencial.

Tipos de autismo: una visión actualizada

Aunque hoy todos los perfiles se engloban dentro del TEA, históricamente se clasificaba por tipos de autismo. Es importante saber que estas denominaciones ya no se usan como diagnósticos independientes, pero pueden aparecer en contextos educativos o familiares:

  • Autismo clásico (Kanner)
  • Síndrome de Asperger
  • TGD-NE
  • Trastorno desintegrativo infantil

Actualmente, estos perfiles se entienden dentro del espectro, y se describen mejor mediante niveles de apoyo.

Grados de autismo o niveles de apoyo

Según el DSM-5, existen tres niveles, que orientan la intervención educativa y familiar.

Autismo nivel 1:

Necesita apoyo leve

  • Desarrollo del lenguaje normal.
  • Inteligencia media o alta.
  • Intereses muy específicos y absorbentes.
  • Necesitan ayuda para adaptarse a situaciones nuevas o inesperadas.

Muchos perfiles antes diagnosticados como Asperger se incluyen aquí, por lo que todavía se oye que autismo grado 1 es Asperger, aunque ya no es una categoría diagnóstica.

Autismo nivel 2

Necesita apoyo notable y continuado.

  • Dificultades sociales claras y visibles.
  • Problemas significativos en la comunicación, tanto verbal como no verbal.
  • Conductas repetitivas más visibles.
  • Necesita apoyos visuales, estructuración y acompañamiento frecuente en aula y en casa.

Autismo grado 3

La persona necesita apoyo muy sustancial.

  • Comunicación muy limitada o inexistente.
  • Tiene una interacción social mínima.
  • Conductas repetitivas y muy restrictivas.
  • Dependencia total o casi total para desenvolverse en la vida diaria.

Importante: autismo grado 3 no significa ausencia de aprendizaje, sino necesidad de intervenciones intensivas y personalizadas.

Grados autismo: claves que debemos tener claras

✔ Los grados de autismo describen necesidades de apoyo, no “gravedad personal”.
✔ Los niveles pueden variar según el contexto y los apoyos disponibles.
✔El objetivo es mejorar la calidad de vida, la autonomía y la comunicación.

¿Cómo detectar señales de alerta?

La detección precoz y la intervención adecuada mejoran significativamente el desarrollo y bienestar de la persona con TEA.

  • Escaso contacto visual.
  • Dificultad para compartir intereses o emociones.
  • Retraso o uso atípico del lenguaje.
  • Conductas repetitivas (alinear objetos, aleteos).
  • Hipersensibilidad sensorial.
  • Malestar ante cambios de rutina.

Ante la sospecha, es clave derivar a valoración especializada.

¿Cómo podemos ayudar desde casa o desde el aula?

  • Aplicar rutinas claras y visuales.
  • Usar apoyos visuales (agendas, planificadores visuales, pictogramas, claves sociales).
  • Fomentar la comunicación funcional, incluso con sistemas alternativos (PECS, lengua de signos, pictogramas, etc.).
  • Respetar sus intereses y usarlos como punto de partida para motivarlos.
  • Trabajar habilidades sociales de forma explícita.

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